A medida que se acerca el momento de sembrar las hortalizas de otoño, el bancal elevado suele acumular malas hierbas que han aprovechado el calor del verano para instalarse entre los cultivos anteriores. Escardar a fondo antes de sembrar da a las nuevas semillas un terreno limpio, con espacio y luz suficientes para germinar bien.
Una escarda a fondo antes de sembrar
Recorre todo el bancal con calma, identificando cada mala hierba antes de arrancarla, ya que algunas raíces se confunden fácilmente con las de las hortalizas jóvenes que aún puedan quedar. Trabajar despacio evita arrancar por error plantas que sí interesa conservar.
Arranca las malas hierbas de raíz, tirando con firmeza pero sin brusquedad, para evitar que queden fragmentos de raíz capaces de volver a brotar en pocas semanas. Una herramienta de mano pequeña ayuda especialmente en las zonas más difíciles de alcanzar.
Airea ligeramente la tierra después de escardar, sin remover en profundidad, para no alterar demasiado la vida del suelo que se ha desarrollado durante el verano. Una capa superficial suelta favorece que las nuevas semillas germinen con más facilidad.
Retira los restos de malas hierbas fuera del bancal en lugar de dejarlos sobre la tierra, especialmente si algunas ya habían formado semillas. Dejarlas encima corre el riesgo de que vuelvan a sembrarse solas antes de que germinen las hortalizas nuevas.
Vuelve a pasar por el bancal unos días después de la primera escarda, ya que algunas raíces resistentes suelen rebrotar rápidamente y conviene retirarlas antes de que vuelvan a establecerse con fuerza junto a las semillas recién sembradas.
Con el bancal limpio y la tierra ligeramente aireada, las semillas de otoño encuentran las mejores condiciones posibles para arrancar con fuerza. Este trabajo previo, aunque algo laborioso, ahorra bastantes problemas durante las semanas siguientes de crecimiento.