Una protección baja frena el viento en un balcón expuesto

Ilustración de un paisaje

Los balcones más expuestos sufren rachas de viento que pueden dañar hojas, tallos y flores mucho antes de que llegue el frío del otoño, incluso en días que a simple vista no parecen especialmente ventosos. Una protección baja, colocada de forma sencilla, reduce buena parte de ese impacto sin necesidad de cerrar el espacio por completo.

Reducir el viento sin quitar la luz

Observa durante varios días desde qué dirección suele venir el viento con más fuerza, ya que no todos los balcones sufren el mismo patrón ni a las mismas horas del día. Esta observación previa ayuda a decidir dónde colocar realmente la protección.

Elige un material que reduzca la fuerza del viento sin bloquearlo del todo, como una tela semipermeable o un enrejado ligero, en lugar de una superficie completamente cerrada. El viento totalmente bloqueado tiende a generar turbulencias molestas al otro lado.

Coloca la protección a una altura baja, pensada sobre todo para las macetas y plantas más pequeñas, que son las que más sufren con las rachas más fuertes. Las plantas más altas suelen tolerar mejor el viento sin necesidad de protección adicional.

Fija bien la estructura a la barandilla o a la pared, comprobando que resista sin moverse en exceso, ya que una protección mal sujeta puede acabar convirtiéndose en un problema mayor durante una racha fuerte. Revisa la sujeción de vez en cuando.

Revisa la protección de nuevo después de la primera tormenta importante del otoño, ya que las rachas más fuertes de la temporada suelen poner a prueba tanto la sujeción como la resistencia real del material elegido.

Con esta barrera baja bien colocada, las macetas del balcón sufren mucho menos con el viento habitual de la zona, sin que eso afecte a la cantidad de luz que reciben durante el día. Es una solución sencilla para un problema muy habitual en balcones expuestos.